Después de varios meses: Apareció Pelusa

Después de tantos meses sin noticias, por fin apareció Pelusa.
Lo primero que sentimos fue un alivio total. Antes que emoción, antes que cualquier cosa.

Y casi de inmediato, notamos algo en sus ojos.
En los pumas, después de los tres meses —cuando dejan la leche— los ojos azules suelen desaparecer y volverse grises. Pero en nuestra Pelusa no. Sigue con esos ojos azules intensos, tal como se ven en la imagen. Es un detalle tan peculiar que será imposible no reconocerla.


 Niebla es diferente. Ella sí tiene los ojos grises bien marcados.


evolución de niebla 


La conexión entre la Pía y la Raya

Y esta vez pasó lo mismo que ya viene ocurriendo desde hace tiempo: esa conexión rarísima entre la Pía y la Raya. Cada vez que la Pía está, la Raya aparece. Cuando no está, no hay rastro. Nada. Es tan preciso que cuesta explicarlo.

La Pía había llegado a la estancia un día antes de encontrar a Pelusa y, antes incluso de salir a observar, dijo con total seguridad:
 “Mañana salimos. Vamos a encontrar a la Raya”.

El encuentro

Y así fue.
Salieron temprano, muy temprano. A las cinco de la mañana. A las 5:30 ya estaban en el área de conservación. Cinco minutos después —literal— apareció un puma. Al principio pensaron que podía ser Tyler —una puma identificada con un remolino en su espalda—

porque el día anterior la habían visto con su cachorro. Sacaron fotos rápido y se las enviaron a la Pía para confirmar. No hubo dudas. Era la Raya con un cachorro.

La Pía todavía estaba en el hotel; se había atrasado un poco. Pero justo después apareció el segundo cachorro. Y ahí ya no hubo discusión: estaban con la Niebla y con la Pelusa. Las dos. Vivas.

Se quedaron toda la mañana con ellas. Y el día empezó así: las Torres del Paine iluminándose de a poco, con la Raya, la Niebla y la Pelusa al frente.